Comenzó el Cónclave que elegirá un nuevo Papa y con ello un nuevo pontificado.

Bajo estrictas medidas de seguridad y a puertas cerradas, los cardenales electores elegirán un nuevo Pontífice. En algunos días, no sabemos cuantos, el Cardenal Protodiácono asomará desde el balcón central de la Basílica de San Pedro proclamando la frase tan esperada: “Annuntio vobis gaudium magnum; habemos Papam”. Convocada por la fumata bianca de la chimenea instalada en la Capilla Sixtina, la multitud esperará en la Plaza San Pedro para conocer el nombre del nuevo Papa.

Se ha hablado mucho del “legado” de Francisco en estos días. La opinión es dividida. Mientras muchos creen poder dejar escrito sobre piedra un legado positivo, otros prefieren hablar de una herencia pesada que un próximo Papa debe resolver.  Lo más prudente es esperar el juicio de la historia, porque es prematuro hablar de un legado en un contexto donde no se revela todavía todo lo que ocurre en un pontificado. La hsitoria debe hacer su tarea.

En Roma se percibe mucha expectativa. La Iglesia atraviesa un momento crucial: su autoridad moral y espiritual en el mundo debe volver a iluminar la cultura. El valor del derecho canónico y del derecho divino y natural que lo sustentan deben regir la ley de la Iglesia. La liturgia, fuente y culmen de la vida cristiana, debe estar al centro de la vida de nuestro peregrinar cristiano. La Iglesia debe ser luz para el mundo, debe retomar el diálogo sobre la fe, la verdad, la familia, la auténtica caridad, la vida virtuosa.

Los diálogos previos al Cónclave, en los que han podido participar todos los cardenales, revelan las prioridades para un nuevo papado. Ahora los cardenales menores de 80 años están decidiendo quien será el próximo Papa. Recemos para que se abran al Espíritu y elijan a quien debe gobernar la Iglesia, esta comunidad de santos y pecadores que aspiran alcanzar  la vida eterna.

Deja un comentario

Erwin Scheuch

Este es un espacio para compartir y analizar noticias de actualidad sobre la Iglesia Católica. Tengo un doctorado en comunicación institucional por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, donde he vivido los últimos diez años observando y analizando el quehacer del Vaticano.