Todo está consumado. El Sodalicio de Vida Cristiana ha sido oficialmente suprimido por el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Esta es la historia del que lo enterró: el que fue su fiscal, juez, verdugo y hoy Comisario Liquidador, Jordi Bertomeu Farnós.
El reciente artículo “Las ‘amistades peligrosas’ de monseñor Bertomeu, el agente 007 del Vaticano: conflictos de interés y borrado de webs”, publicado por El Español, muestra una comprometedora foto de un grupo de periodistas, todos acusadores del Sodalicio, celebrando en Roma la expulsión de un grupo de sodálites. Junto a ellos vemos a un personaje, qué, aunque riéndose eufóricamente, sabe que no debería de estar ahí: Monseñor Jordi Bertomeu.
El funcionario del Santo Oficio, designado por el Papa Francisco para investigar el Sodalicio de Vida Cristiana está en ese momento exacto al centro de un grave conflicto de intereses.
La red de activistas y comunicadores salió rápidamente en defensa de la culpable fotografía. “El (Bertomeu) no es juez, es investigador” dice uno, “es solo una cena de amigos” añade otro, “ya había terminado su misión”, remata un tercero. Excusas que suenan a mentiras.
¿Investigación diligente o montaje vil?
Como se puede ver en esta publicación con fecha del 22 de octubre, el Papa se reunió en el Vaticano con los dos miembros de la Misión Scicluna-Bertomeu.


Según la misma publicación, estos le reportaron al Papa sobre “los avances de la investigación”, por lo tanto, no es verdad que la Misión había terminado, como afirman sus defensores.
El círculo íntimo: amistades que dictan un juicio
Cabe interesarse por los integrantes de la fotografía revelada por El Español.
Pedro Salinas y Jordi Bertomeu se conocieron en febrero de 2019 en Roma. Desde entonces Bertomeu comenzó a recibir los correos que Pedro Salinas le enviaba sobre las supuestas víctimas del Sodalicio. No faltaron las reuniones amenas e íntimas. “¿Cuál es el problema de tomarse unas cervezas con Bertomeu?”, pregunta Salinas. En tomar cervezas, ninguno. Pero juzgar con anticipación una de las personas que Bertomeu iba a investigar sí lo es. En aquel momento, el funcionario de Doctrina de la Fe dijo que la demanda de Monseñor Eguren contra Salinas era injusta. Semanas después, la justicia peruana condenó a Salinas por difamación.
Años más tarde Bertomeu solicitó una investigación al Sodalicio. Su petición se fundamentó en las acusaciones de Paola Ugaz que denunciaba una supuesta persecución en su contra por parte del Sodalicio. Y aunque esta supuesta persecución nunca ha sido probada por la justicia peruana, Bertomeu obtuvo luz verde.
Se suma Renzo Orbegozo, que no se le conoce profesión, pero ahora se ha vuelto un asiduo escritor de un portal español, a cuyo director Bertomeu ofrece las primicias.
Iniciada la Misión, Bertomeu incluyó entre las acusadoras a la periodista Elise Allen, una exintegrante de las Fraternas. Es ella quien recibe en su casa, junto con su esposo John Allen, al círculo íntimo que festeja en la problemática fotografía.
El gran bluff de Bertomeu
Se desconocen las facultades otorgadas a Bertomeu por el Papa, pues no ha exhibido el decreto que las precise. Tan solo existe un Apunte para la Audiencia, es decir, el memo por el cual Bertomeu pide facultades. No se sabe cuáles fueron finalmente otorgados, pero en todo momento Bertomeu los ocultó. Consiguió algo que pocos pueden: ejercer poderes de los cuales probablemente carece.
Según él, vino a investigar solo asuntos económicos, pero luego admitió que la Misión vino a investigar múltiples acusaciones. En realidad, a Bertomeu solo le interesaba conocer el patrimonio del Sodalicio: el mismo que administraría posteriormente.
Sus defensores dicen que solo hacía de notario y que las interrogaciones eran lideradas por Charles Scicluna. No obstante, es Bertomeu quien interrogó a Giuliana Caccia y Sebastián Blanco. Estos dieron sus testimonios por separado y, misteriosamente, acabaron en manos de periodistas, en lo que podría constituir una grave violación del secreto profesional.
Notario, investigador y de repente abogado de quienes alegaban ser víctimas. Según nuestras fuentes Bertomeu incitó a varias personas a que publiquen sus testimonios y pidan reparaciones. Los llevó ante el Papa, ante la Prefecta de Vida Consagrada, y facilitó reuniones con altos funcionarios de la Santa Sede.
La metamorfosis de Bertomeu siguió, revistiendo repentinamente la función de un fiscal acusador. Presentó las notitia criminis a las autoridades del Sodalicio para la investigación de 15 personas. En el escrito tipificaba los supuestos “ilícitos graves” e indicaba el camino que, según él, correspondía seguir: la expulsión por el escándalo grave causado por una conducta culpable (can. 696 CIC).
Tras más de 4,500 páginas de investigaciones, el Superior del Sodalicio no encontró ninguna razón jurídica para expulsar a ninguno de los acusados. La mayoría de los hechos alegados por Bertomeu se probaron falsos, y los que sí sucedieron o causaron escándalo décadas atrás ya habían prescrito y se habían reparado. Los expedientes se entregaron el 26 de agosto a la Misión, siguiendo los plazos acordados con quien supuestamente la dirigía, Monseñor Scicluna. ¿Bertomeu entregó los resultados al Dicasterio de Vida Consagrada?
Juez sin ley y verdugo sin capucha
Bertomeu ha dicho que expulsar a los sodálites “era una decisión ya tomada”. No interesaba el debido proceso. Para lograrlo, presionó a las autoridades del Sodalicio, exigiendo que la entrega de las defensas sea el 5 de agosto, y si no se presentaban, se procedería igualmente. Al no presentarse defensas, todas las acusaciones se declararían verdaderas, y así fue. Bertomeu ignoró las indicaciones de su jefe que había autorizado entregar las defensas tres semanas después.
Con ese argumento el 6 de agosto obtuvo del Papa una autorización que utilizó como “arma letal”: se habría facultado al Dicasterio de Vida Consagrada a expulsar por “causas diferentes” a las previstas en el Código de Derecho Canónico.
Aún con el permiso del Papa para expulsar, el Dicasterio debía revisar primero las conclusiones del Superior del Sodalicio, el juez competente. Solo si consideraba que el Superior había actuado contra el derecho podía asumir la causa. Bertomeu habría ocultado las pruebas presentadas por el Superior del Sodalicio, argumentando que la expulsión estaba autorizada. Ello explica los decretos del Dicasterio, que no conocía ni las imputaciones ni tampoco los resultados de las investigaciones. Engañando a unos y otros, Bertomeu se convirtió en juez de las expulsiones.
Hasta ahora no se conocen los motivos de las expulsiones. En ningún decreto figura la motivación, ni existe un razonamiento jurídico: esto impide a los acusados defenderse. Este grave perjuicio procesal no es más que una violación del derecho a la defensa, un derecho reconocido canónicamente y consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Conste que a Bertomeu no le importa el derecho. En sus propias palabras: “la estricta legalidad mata, y lo dice un canonista”. ¡Vaya canonista, nada menos que el 007 de Vanity Fair!
Jactándose de su desprecio del derecho y de la legalidad, Bertomeu hizo expulsar a 15 miembros del Sodalicio, consumando la primera parte de su plan diseñado desde el inicio de la Misión. Pero se necesitaba hacer escarnio, y para ello recurrió al Nuncio Apostólico en el Perú, que firmaría las Notas de Prensa que Bertomeu redactó. Estudiadas para hacer el mayor daño posible, se convierten en las primeras comunicaciones de la Santa Sede que incurren en difamación agravada. En los decretos, las expulsiones se atribuían a un genérico “por otras causas”, pero las notas de prensa mostraban un listado de nombres, junto a otro de faltas, sin especificar a quién correspondía que falta. Así, mientras en el decreto nadie cometió nada, en los comunicados todos pudieron cometer todo.
Y el verdugo se declaró víctima
Finalmente, con las últimas expulsiones terminó la tarea de la Misión, y a su juicio el Sodalicio y todas las obras fundadas por Figari debían ser suprimidas. Para poder sustentar su recomendación al Papa fue necesario que existiera un grupo importante de expulsados, mientras más notables mejor. Varios sodálites de las primeras generaciones, o que habían ejercido puestos de gobierno, fueron sacrificados para tal objetivo. Yo entre ellos.
Bertomeu está gravemente comprometido con las víctimas. Ha creado una expectativa que sería satisfecha con generosas sumas de dinero, que se repartirá en una nueva ronda de reparaciones. Él mismo se ha declarado víctima, junto a los otros integrantes de la fotografía revelada por El Español. Y, como convenientemente señala Bertomeu, hay que ser generosos, algo muy fácil cuando se trata del dinero ajeno. Veremos que hace, porque como él dice: “si no hay, pues no hay, ¿qué quieres que haga?”
Mentiras y manipulación: el laberinto de Bertomeu
Bertomeu ha dicho siempre que el Papa es quien decide. Pero el Sumo Pontífice confía, como lo hace cualquier Jefe de Estado atareado por centenares de asuntos, en quien le lleva los documentos: en este asunto es Bertomeu.
Dos casos demuestran el abuso de confianza de Bertomeu con el Papa.
El primero se refiere al intento de excomunión de los peruanos Giuliana Caccia y Sebastián Blanco. Bertomeu, en su desesperación por una denuncia penal que estos ciudadanos presentaron por violar el secreto profesional, culpó al Sodalicio de ello, y, el mismo día de la expulsión, hizo firmar al Papa un precepto penal con amenaza de excomunión. El precepto nunca se aplicó y dos meses después, ante Caccia y Blanco, el Papa dijo que él no recordaba haber firmado ese precepto, revocándolo.
El segundo caso es el referido a la expulsión de los sodálites Juan Carlos Len y el P. Jaime Baertl, firmado por el Dicasterio el día 21 de octubre y refrendado por el Papa el 23. Las más de 500 páginas del expediente de defensa se presentaron el 14 de octubre, tan solo una semana antes, en los días en que se celebraba el Sínodo en Roma. De hecho, la foto en donde aparece Bertomeu y Scicluna con el Papa es en la Sala del Sínodo, en un descanso entre sesiones. El Papa, los jefes del Dicasterio y Monseñor Scicluna habían estado muy ocupados yendo todos los días al Sínodo. ¿Quién leyó el voluminoso expediente? El único que tenía tiempo para dedicarlo al Sodalicio era Bertomeu, pero sabemos que no le interesaba leerlo. Obtuvo otra firma del Papa, con argumentos que desconocemos.
Los desastres que va dejando sus mentiras y manipulaciones son numerosos: ha comprometido al Papa, a dos Prefectos de Dicasterio, al Nuncio en el Perú, y al Arzobispo de Malta. Hoy quiere cobrar honorarios, algo inusual en funcionarios de la Santa Sede con puesto fijo. Con la excusa de sus cargos, que debieran ser discretos, cobra por viajes donde busca figurar como el enviado del Papa ante miles de personas, sea en Filipinas, en Ecuador o en Bolivia.
Sin duda, estamos ante un personaje que suscita muchas dudas. Notario, abogado, fiscal, juez, verdugo y para rematar, «víctima». Un personaje sin reparos en incurrir en claros conflictos de interés, sin consideración por la ley de la Iglesia ni tampoco por el derecho de los fieles.
Este es Jordi Bertomeu Farnós, el todopoderoso funcionario del Vaticano. Tras Chile y Perú, ¿dónde le llevará ahora su ilimitada ambición?
Este es Jordi Bertomeu Farnós, el sacerdote que puso fin al Sodalicio de Vida Cristiana mediante la mentira, la amenaza y la manipulación. Tras su paso, deja un sinfín de fieles perdidos, de católicos perjudicados en sus derechos, de sacerdotes sin parroquias, de promesas pecuniarias hechas a periodistas y activistas. Todo un escándalo para la Iglesia de la misericordia.
Este artículo fue publicado en INFOVATICANA el 15.04.2025 https://infovaticana.com/2025/04/15/jordi-bertomeu-el-hombre-que-suprimio-al-sodalicio-de-vida-cristiana-cronica-de-un-poder-personal-y-absoluto/

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